SOCORRO, TRABAJO CON MAQUIAVELO!!!

¿Has tenido que trabajar con una persona maquiavélica?

El diccionario de la Rae define el maquiavelismo como un “modo de proceder con astucia, doblez y perfidia”. Más allá de la definición, podemos pensar en diferentes situaciones: ¿en alguna ocasión te has sentido culpable y esa sensación te ha llevado a hacer algo que en el fondo no querías hacer porque te has comprometido con alguna persona a llevarlo a cabo?, ¿has sentido confusión al hablar con un compañero/a y te has quedado con la duda respecto a en qué habéis quedado y si ése es tu papel?, ¿has hecho antes lo suyo, aunque no fuera prioritario, por miedo a su reacción de enfado? Los sentimientos de culpabilidad, indefensión, temor o confusión en la relación con una persona suelen ir asociados a posibles situaciones de manipulación.

Diferenciar en primer lugar los conceptos de “influencia”, “persuasión” y “manipulación”, nos puede ayudar a clarificar las relaciones de manipulación. Siguiendo con las definiciones de la Rae, se entiende “Influir” como ejercer predominio, o fuerza moral, “persuadir” como inducir, mover, obligar a alguien con razones a creer o hacer algo y por último “manipular” cuando lo que se hace es intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.

Históricamente, las cosas más terribles (guerra, genocidio, esclavitud) resultaron no de la desobediencia, sino de la obediencia.

Así pues, la influencia se puede generar simplemente siendo utilizado como modelo de conducta, sin intención consciente de serlo y sin comunicación intencionada para conseguirlo. La persuasión va un poco más allá al hacerse de manera consciente y voluntaria, para ello damos argumentos, razones, para que la otra persona cambie su manera de pensar y al final haga lo que queremos que haga, respetando su dignidad, al permitirle hacer una elección voluntaria, informada, racional y reflexiva.

Por último, al utilizar la manipulación se busca debilitar la capacidad de pensar y actuar de la otra persona para que no ofrezca resistencia. Para conseguirlo se busca crear confusión, inducir temor, culpabilidad o indefensión, disminuir la autoestima y con ello sus posibilidades de autoafirmación y oposición. En este estilo de relacionarse todo es válido.

Aunque se habla de personas manipuladoras, la gran mayoría de personas utilizamos técnicas manipuladoras en algún momento. La diferencia principal radica en si lo hacemos de manera puntual o si es un patrón de comportamiento a la hora de relacionarnos con el resto (o con alguna persona concreta). A continuación describimos algunas de actitudes propias de las personas con tendencia a manipular:

  • Cambiar de opinión, comportamiento y sentimientos en función de las personas y las situaciones.
  • Culpabilizar a las personas de su entorno, traspasándoles la responsabilidad que le corresponde a él o ella.
  • Criticar veladamente, desvalorizar y juzgar a otras personas.
  • Evidenciar su superioridad mostrando la ignorancia de la/s otra/s persona/s.
  • En determinadas circunstancias, hacerse la víctima para que la compadezcan.
  • Generar división, mentir, tergiversar la información. Evitar dar la cara.
  • Manejar a su favor la falta de tiempo y la urgencia para dar órdenes, pedir trabajos o favores.
  • Utilizar la adulación, hacer regalos, favores súbitamente.
  • Egocentrismo.

Por otro lado, para que haya personas manipuladoras tiene que haber personas a las que manipular. Una de las habilidades de las personas que suelen manipular es su capacidad para identificar a quién sí y a quién no le va a resultar sencillo manipular para centrarse en las primeras. Aunque no hay un perfil único, estas personas con mayor probabilidad de ser manipuladas, suelen compartir:

  • inseguridad en cuanto a su auto-concepto.
  • profundo miedo al conflicto.
  • dependencia afectiva, que les impulsa a proteger y conservar lazos interpersonales, incluso cuando son negativos.
  • necesidad exacerbada de aprobación.
  • tendencia a asumir un exceso de responsabilidad con relación a la vida de los otros.
  • cierta inocencia que les lleva a no detectar la capacidad de dañar de otras personas.

Para generar métodos de autoprotección frente a las personas manipuladoras, destacamos el primero, detectarlas, ya que una de sus principales claves de éxito es pasar de manera desapercibida. Además, podemos tener en cuenta algunas pautas para poner en práctica:

  • no pretender cambiarle, mejor cambiar mi forma de relacionarme con él / ella.
  • no entrar en una escalada de poder (“no boxear con un boxeador”).
  • dejar de explicar detalles de tu vida.
  • no responder a peticiones formuladas con poca claridad.
  • contestar con prudencia a las adulaciones.
  • utilizar técnicas asertivas como “decir no” o el “banco de niebla”.
  • no justificarse.

Está claro pues que la mejor manera de afrontar una relación manipuladora es centrarnos en nuestro círculo de influencia y no esperar que la otra persona cambie. Para ello podemos mirar hacia afuera, para identificar posibles manipuladores/as con quienes nos relacionamos, y mirar hacia dentro, para identificar creencias y puntos débiles que pueden estar facilitando que me encuentre en esta situación.

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